YOGA Y CICLO MENSTRUAL

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Las estaciones del año. Las migraciones de los pájaros. La crisis en los mercados financieros. La vida. Todo se manifiesta desde su naturaleza cíclica. El cuerpo de las mujeres menstruantes, también. Y por lo tanto, tu práctica de Yoga también es cíclica, aunque tú no lo sepas.

No hablo de los cambios que suceden en la práctica a lo largo de los años, independientemente de la categoría sexual del cuerpo que practica. Hablo desde un corto-medio plazo. Hablo de esos cambios que suceden cada semana, más allá del aumento de tu fuerza en bakasana (el cuervo). Lo que también cambia es la manera en que se modifica tu actitud a la hora de afrontar la postura y el lugar desde el que la habitas.

Y es que durante al menos cuatro semanas cada mes, tu cuerpo se comporta diferente según el predominio de unas u otras hormonas, dependiendo de la función que esté cumpliendo tu sistema reproductor en ese instante. Así que es normal que unos días te sienten mejor las aperturas de pecho y otros te limitarías a hacer badda konasana para saciar tu práctica.

Una vez  le planteé esto a una profesora de Yoga, y mi intención de investigar en la relación entre Yoga y Ciclo menstrual y me transmitió que esas etapas tan condicionadas biológicamente ya las teníamos superadas. Que si fuera así, cuando ovulamos estaríamos todo el rato copulando y por dentro pensé: “copulando no, pero contoneando plumas o al menos deseándolo, sí.” Hay animales humanos que, por suerte, aún siguen muy vivos.

Fue el trabajo de Erika Irusta, y sobretodo las bases desde las que lo plantea, lo  que me hizo poner el foco en la práctica como una cuestión cíclica.

A la hora de desarrollar esa conciencia cíclica, más allá de conocer el funcionamiento fisiológico, lo verdaderamente potente es ser consciente de qué manera esos cambios internos se manifiestan e interactúan con lo externo (casa, trabajo, familia, cultura).

Por lo tanto, una de las premisas es anotar cada día algunos aspectos que hayan destacado en tu día. De esa manera, a lo largo de tres ciclos anotados por lo menos, se pueden observar las similitudes y coincidencias hasta extraer un patrón propio de comportamiento,  entre una una fase y otra.

Yo llevo registrando unos 5 años y con muchos cambios vitales de por medio, aunque no diariamente (las épocas en las que mirarme dentro también son cíclicas). Algunos datos resultan curiosos, otras tremedamente reveladores, pero desde luego, nada pasa desapercibido.

Se registran aspectos como tu estado de ánimo general, tu nivel de energía, de líbido, de productividad, si te apetecía comer más dulce que salado, la música que escuchas, las series que te apetece ver… todo aquello que pueda ser susceptible de cambios, si tus necesidades y deseos también cambian.

Comprender ese comportamiento cíclico me resultó muy liberador al principio y me ayudó a ser coherente en adelante.

Primero anotaba la práctica de Yoga como un espejo más en el que observar los cambios que en mí se producían. Pero con el tiempo y a base afinar la mirada cíclica, lo que me devolvía la esterilla no era un reflejo más, era EL REFLEJO.

Debido a la manera integral en que la práctica de Yoga aborda cuestiones físicas, mentales, emocionales y sutiles, cuando practicaba era consciente de aquello a lo que me estaba forzando y de qué manera me apetecía habitar mi cuerpo. Todo ello cambiaba según la fase en la que estaba.

De tal forma, que también establezco un patrón en mi práctica personal. Sé cuándo estoy preparada para afrontar un tipo de posturas u otras, cuándo me va a sentar mejor o peor o cuánto tiempo de meditación es el adecuado.

Sé que si la vida me impone unos tiempos y yo tengo otros, procuro que la práctica sea ese lugar en el que ajustar los ritmos para cuidarme.

Sé que la práctica me da vida y que la vida me pide práctica. Y que no voy a dar nada por sentado. Sólo mi deseo, mi necesidad  y todas sus mutaciones guiarán mi experiencia personal y no la exigencia externa.

Todo esto supuso un antes y un después en la concepción de mi práctica y de mi agenda. Por ello quiero compartir, desde la unión de varios marcos teóricos y desde una experiencia propia y subjetiva al fin y al cabo, características o lugares comunes que puede haber entre las fases del ciclo menstrual y la práctica de Yoga. Y así, a través de los próximos posts tendrás información y ejemplos que experimentar por ti misma, para que también empieces a asomarte a la naturaleza cíclica de tu práctica.

Si ya practicas y si ya menstruas, no tienes mucho más que hacer. Sólo observar, apuntar y dejar que la conciencia de esos cambios pueda transformar la gestión de tu día a día, tus decisiones y voluntades.

Algunos de los aspectos que te puede aportar el hecho de ​contemplar la práctica desde una mirada cíclica, son:

  • Te ayuda a comprender todo lo que ocurre en tu cuerpo en cada fase del ciclo.
  • Es un proceso de autoconocimiento a través de la relación bidireccional entre el yoga y tu ciclo.
  • Es una invitación a integrar las luces y las sombras de cada fase para sacar el máximo partido a tu práctica. Y a tu vida.

Conocer tu funcionamiento interno y encontrar tu propia manera de gestionar lo que sucede entre tu interior y el exterior (que nosotras no somos las que nos tenemos que adaptar siempre) según te percibas, puede facilitar que, el hecho de ser seres menstruantes como dice Erika Irusta, duela menos.

Porque no es condición sine qua non ser mujer y sufrimiento, la libertad está bajo tu piel.


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