EL CUERPO Y LA PALABRA. Sobre la práctica y la terapia.

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En Marzo de 2015 exploté. Acumulaba años de precariedad y una incertidumbre vital que alimentaba mi inseguridad personal. Tampoco tenía un orden claro en mis prioridades, en mi relación o en mi vida en general.

En los meses posteriores me quedé sin pareja, sin casa y sin trabajo. Unas cosas fueron consecuencia. Otras, llamémoslo mala suerte. Durante dos semanas mi coche fue mi armario-despensa-despacho. Yo no iba en metro, yo me arrastraba. Mi cuerpo, mis pensamientos y los días pesaban muchísimo. Recuerdo pensar: ¿Cuánto tarda el tiempo en pasar?

Pero también había instantes de fortaleza. Y se revelaban en la esterilla. Por aquel entonces solía practicar Vinyasa Yoga en Yoga con Cris. Y al terminar la práctica, en savasana percibía en mí una fuerza que no sabía de dónde salía, pero la sentía.

También decidí ir a terapia. Gracias al apoyo económico de mi madre, afronté ese proceso, en el que había un sentimiento de pérdida y estaba perdida. Y fue transformándose. Me diluía en palabras en terapia y construía un nuevo cuerpo, resistente en mi vulnerabilidad, en la práctica.

Aunque no siempre lo elijamos, necesitamos un tiempo en el que observar el resultado de nuestras elecciónes y revisar las creencias que las sostenían. Detenernos a contemplar qué nos ha llevado hasta este el punto en el que estamos y valorar todos los caminos posibles para que el cambio suceda.

Acudir a terapia es arrebatarte tabúes para devolverte la voz. Es tomar conciencia desde un discernimiento sano. Un/a terapeuta es un guía en un camino que en verdad contruyes tú mismo/a, pero acompañado/a.

Nuevas creencias requieren nuevas sensaciones. Practicar Yoga en un proceso de reconstrucción. te ayuda a ser consciente de ellas. Es un espacio seguro en el que el cuerpo acoge los cambios y permite que se expresen a través de él: en tu postura, en tu rostro, en tu respiración.

La razón ya no dirige la obra. La palabra da paso a la percepción y la intuición, quienes se mueven libres por el escenario y te hacen vibrar. La terapia es un proceso en compañía y poco a poco debemos integrar esas nuevas formas de percibir la vida hacia la autonomía. Y la práctica es un buen ensayo para llevarla a cabo. Hay que pensar en soledad, como bien dice Marcela Lagarde.

Si estás transitando un proceso de cambio, la terapia y la práctica de yoga son un tándem para la vida. Es una combinación de prácticas indagativas que se complementan entre sí.

Cada vez hay más proyectos y profesionales que saben acompañar a las personas en procesos difíciles o periodos de transición. Incluso hay iniciativas de psicología on line, como Y Psi Hablamos, donde te ofrecen esa ayuda a través de los distintos canales digitales, por lo que no hay excusa. Dentro de la psicología, hay enfoques y maneras diversas entre las que puedes escoger, cuando una prioridad es clara: elegirte a ti.

Ir a terapia, como la práctica de yoga, puede ser un hábito preventivo. No esperemos a reventar en nuestra propia piel. Podemos evitar el ataque de ansiedad si estamos atentos a las señales. Si nos dedicamos espacios y nos cuidamos un poquito cada día.

Siempre nos quedará ir a la peluquería y decir “hazme lo que quieras” y atentar así contra tu antiguo yo.

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