3 CONSEJOS PARA NO ABANDONAR TU PRÁCTICA DE YOGA EN VERANO

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Yoga y verano parecen dos palabras que juntas, suenan a una foto de palmeras, playas y cabañas balinesas. Pero siempre hay que saber mirar más allá del encuadre que se tomó para las postales.

Yoga y verano son dos conceptos que pueden enfriar la rutina de tu relación con la práctica. No te culpes. Toda relación larga y bonita tiene sus altibajos. No eres tú, es el sol y el deleite de su luz. Es la sensación constante de pesadez por la caló, es la quedada a tomar algo en la terraza de abajo justo a la hora que solías ir a practicar. Si no comemos la misma cantidad en verano que en invierno, quizá no sea tan raro que la práctica tampoco sea la misma.

Si te cuesta mantener tu práctica de Yoga habitual, o has preferido priorizar otros aspectos de tu vida (que también es lícito), te propongo tres acciones de tu rutina que ya haces, a través de las cuales, puedes incluir alguna cuestión de tu práctica en ellas. Para no abandonar, para profundizar o simplemente porque sí, para ti.


1. MADRUGA

Ya no cuesta tanto levantarse 20min antes. Hasta la luz y la temperatura a primera hora de la mañana invitan a ello, sabiendo que el día va a ser más pesado y caluroso después.

Levántate un pelín antes en tu rutina, aprovecha la brisa mañanera para experimentar la práctica desde una mente fresca, abierta y ligera tras el sueño.

No te impongas que siempre tendrá que ser así. Simplemente experimenta. Un día, una semana, días alternos… El mejor momento para tu práctica es el que marcan tus propios biorritmos. Pero al menos prueba por ti misma, porqué coinciden en la práctica matutina la mayoría de tradiciones.


2. NADA A TRAVÉS DE TUS CREENCIAS

Lo que pensamos que somos, nuestros referentes internos o la manera en que te hablas a ti misma también se pone en juego durante la práctica. ¿De qué sirve modificar la estructura del cuerpo si dejas de lado la arquitectura de la mente?

Revisa los cimientos que soportan tus creencias. Sobre ti. Sobre el amor. Sobre tu papel en el mundo. Sobre lo que sientas que debe ser renovado para poder andar nuevos caminos.

Yo no nado bien a croll. Me gusta nadar de espaldas y ver qué dejo atrás. Pero sobretodo soy de las que nada a braza cogiendo y soltando aire, saliendo y entrando del agua.

Así que una tarde de domingo me encontré con una piscina entera para mí. Me hice bastantes largos, nadando, saliendo y entrando del agua conjurando mis creencias. En cada toma de aire mentaba una capacidad que sé que necesito y puedo desarrollar. Cada vez que me hundía, evocaba aquella realidad de la que deseo inundarme.

Aprovecha acciones rutinarias, repetitivas y sencillas como nadar, pasear, coser… aquello que el ritmo del invierno no te da mucha tregua para disfrutarlas. Crea en ellas nuevas rutas neuronales a braza, a croll o a mariposa.


3. LEE

El yoga también se lee y no hay maleta que se precie sin un libro de los gordos.

Aprovecha y acércate a la fuente. Lee los textos clásicos, la filosofía de referencia. Lee teoría sobre la práctica. Lee cosas con las que no estás de acuerdo, pero comprende de dónde vienen.

Svadhyaya es uno de los Niyamas dentro del Ashtanga Yoga de Patanjali y hace referencia al autoestudio, a la necesidad de asentar las bases para un cambio sólido. El profesor Julián Peragón lo describe así:

“En la tradición se ha utilizado el estudio de los textos sagrados porque cuando la mente encuentra un soporte profundo se abre con facilidad a lo sutil. Sin embargo, los textos, aún los más sagrados, son inexactos, retocados por los siglos y tendentes a la ideología del momento histórico y cultural. Los libros, como diría Margarite Yourcenar, nos aclaran el mundo. […] Svâdhyâya es la necesidad de evaluar y revisar los avances que hacemos en el camino, ya que no hay que dar nada por sentado. La verdad que descubrimos es un proceso vital que se da en cada instante.”

Estudiar, discernir y seguir practicando.


Seguro que en tu no-rutina de verano hay otras actividades posibles que puedes enriquecer desde una experiencia yóguica. Por que al final, Yoga no es sólo lo que sucede en la esterilla.

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